Te diré algo claramente…
Hay un cansancio que el sueño no arregla. Es el de cargar, sostener y estar bien para los demás aunque tú no lo estés. Y poco a poco, sin darte cuenta, también se enfría tu tiempo con Dios.
Este reto no te va a pedir que hagas más. Cada día te da una reflexión breve, un versículo, un ejercicio concreto y una oración. Entre 10 y 15 minutos, nada más.
No necesitas hacerlo perfecto ni tener todo resuelto. Si un día te lo saltas, simplemente continúas donde estés: la constancia importa más que la perfección.
Son 21 días para pasar de funcionar en automático a vivir desde la paz, un día a la vez.